La propuesta de sustitución debe contemplar el equipo, el montaje y las adaptaciones necesarias para tu vivienda. Se revisan las conexiones, la evacuación, el desagüe de condensados y la regulación conforme al modelo. El hecho de sustituir una caldera mural por otra mural no permite dar esos trabajos por resueltos.
Si conservas radiadores y termostato, interesa confirmar cómo se relacionarán con la caldera nueva. Un control existente puede necesitar una comprobación de compatibilidad o una solución diferente. También conviene comunicar pérdidas de presión, zonas que no calientan o reformas previas: el cambio de aparato no corrige por sí solo esas incidencias.
Puedes empezar por una caldera del catálogo y solicitar después la valoración del montaje. Antes de cerrar la compra, compara el conjunto: qué incluye el producto, qué aporta la instalación y qué actuaciones quedan fuera. Así la oferta no depende de interpretar una expresión genérica como «instalación básica», sino de un alcance entendido para la vivienda donde se va a trabajar.